Es la segunda vez que fui de cena con unos amigos y el lugar estuvo a la altura de las circunstancias, excepto por un feo detalle de uno de los camareros cuando solicitamos la cuenta, ya que nos hablo y contesto de mala manera cuando le pedimos que nos hiciera una factura, de hecho nos fuimos sin la factura y bastante desilusionados por el trato puntual de dicho camarero. Una pena porque todo salio bastante bien hasta ese momento.
Nos atendieron sin reserva ya que fue una decisión de última hora, muy amables como siempre en trato y servicio excepto por el detalle al final de la cena. La carta bastante variada tanto de comida como de cocktails y vinos, una pena que no tuvieran un champagne frances ruinart blanc de blanc que suele ser bastante difícil de encontrar en los restaurantes, si bien es cierto que comparado con otros lugares era excesivo en el precio.
Respecto a los entrantes, platos principales y postres todo fue bien, mas o menos ya que no tenían atún y nos quedamos con las ganas de probar el nikkei, lo sustituí por el mero que también estuvo delicioso, el rollo pasable, los he probado mejores. Pero el postre la verdad que bastante logrado en presentación y sabor, de los tres que pedimos la creme brulee, el souffle,y las tres leches, los mas reconocidos por todos fueron el souffle y la creme brulee.
Sin duda repetiremos pero ojala la próxima vez sea una experiencia agradable de principio a fin, porque es una pena que en un lugar asi tengan gente tan mal educada y poco tacto con el cliente. Aún así le dejamos su 10% de propina.
El lugar es bastante bonito por el entorno en el que se encuentra y por la decoración que intenta dar continuidad al ecosistema del que se rodea. Una estrella menos a su favor es lo mal insonorizado que esta el lugar, demasiado ruido para un entorno que apunta a la tranquilidad.
Fuimos cuatro amigos sin reserva y nos ofrecieron una mesa en el interior en frente de la cocina , la verdad que afortunada la elección a pesar de que no era lo que preferíamos, ya que mas tarde comenzó a llover y todas las mesas de la terraza tuvieron que ser trasladadas al interior donde no estábamos nosotros.
Respecto a la atención bastante desilusionado, ya que la camarera como que no tenia muy claro su trabajo, demasiado insistente en ciertos momentos de la toma del pedido y de forma muy obvia, le falto sutileza y quizás hubiera logrado el objetivo de aumentar el consumo por nuestra parte si se hubiera dado cuenta de que era nuestra primera vez y queríamos tantear la carta probando un par de entrantes y dos o tres platos principales, sin dejarnos llevar en lo que a la bebida se refiere. Al final, pedimos un par de cocktails y la botella de agua que nos trajo ella por que así lo decidió. El garrón de cordero estaba rico, el atún sellado le falto temperatura y estaba seco, una lástima desaprovechar tal materia prima. Los postres nada del otro mundo, ya que ni recuerdo lo que era.